La fugazzeta argentina juega en las grandes ligas de Europa

Será una nueva categoría del 5° Campeonato de España de Pizzas

La fugazzeta, emblema indiscutible de la pizza porteña, comienza a escribir un nuevo capítulo en su historia: por primera vez será parte de los certámenes internacionales de gastronomía. La Asociación de Pizzerías y Casas de Empanadas de la República Argentina (Apyce) logró que esta especialidad, con reglamento propio, se convierta en categoría oficial en competencias fuera del país.

El debut se dio en marzo, en Brasil, durante la Panam Pizza Cup. El próximo desafío será en España, en el marco del 5° Campeonato de Pizzas Gourmet, que se celebrará en Ifema Madrid, la feria de alimentos más importante de Europa. Allí, la fugazzeta argentina se medirá frente a estilos consagrados como la napolitana o la neoyorquina.

La fugazzeta se distingue por su doble masa –base y tapa– rellena de abundante queso y cubierta de cebolla en juliana. El reglamento internacional establece que debe ser al molde, redonda, con un diámetro de 35 a 36 centímetros y un relleno mínimo de 650 gramos de muzzarella o mezcla de quesos argentinos.

“Para un extranjero puede parecer excesivo, pero en Argentina hay fugazzetas que superan el kilo de muzzarella”, explica Diego Dávila, director de la Escuela Profesional de Apyce. Esa generosidad en el queso, multiplicada en redes sociales por las imágenes de hilos amarillos al cortar la porción, es parte de su atractivo global.

Los especialistas buscan el relleno perfecto combinando distintas marcas de muzzarella o sumando cuartirolo y queso cremoso. “Lo importante es que el queso fluya lentamente al cortar la porción”, señala Horacio Conde, propietario de La Mezzetta.

Las técnicas también varían: algunos optan por la doble cocción o por cocinarla “al revés”, con la cebolla hacia abajo en el segundo horneado. Otros agregan un chorrito de aceite de oliva sobre la tapa para potenciar sabor y fijar la cebolla.

La fugazzeta, símbolo de la pizza argentina, se abre camino en los escenarios internacionales. Su desembarco en Madrid no solo representa un logro para la gastronomía local, sino también la oportunidad de que un ícono porteño conquiste paladares europeos.

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