Un hallazgo inesperado en el castillo de Becov nad Teplou, en la República Checa, devolvió a la vida una joya de la enología mundial. Ocho botellas de Chateau d’Yquem elaboradas a finales del siglo XIX fueron sometidas a un proceso de restauración técnica por la propia bodega francesa. Estos ejemplares sobrevivieron ocultos bajo el suelo de una capilla durante la Segunda Guerra Mundial y las décadas posteriores de régimen comunista.
Los vinos formaron parte de un lote de 136 botellas que la policía secreta local descubrió en 1985. La colección perteneció originalmente a la familia noble Beaufort-Spontin, quienes abandonaron el territorio checo al finalizar la contienda bélica bajo sospechas de colaboración con el nazismo.
El vino permaneció escondido junto al famoso santuario de San Mauro hasta que un inventario casual, realizado hace diez años, permitió su redescubrimiento. Tras el hallazgo, el Castillo de Becov inició una misión de rescate para preservar el líquido. El enólogo de Chateau d’Yquem, Toni El Khawand, lideró las tareas técnicas para garantizar la integridad del producto.
El experto confirmó la autenticidad mediante análisis de laboratorio y catas controladas que validaron el equilibrio aromático de las botellas producidas en 1892 y 1896.
“Probamos una cantidad muy pequeña para asegurarnos de que, tanto aromáticamente como en términos de equilibrio en el paladar y percepción general, el vino correspondiera a un Chateau d’Yquem de esa edad”, señaló El Khawand a la agencia AFP.
Además de los vinos blancos dulces, la exposición incluirá otros ejemplares singulares como un jerez Pedro Ximénez de 1899 y un oporto de 1892. El instituto nacional de patrimonio checo busca actualmente fondos para profundizar el análisis técnico de las piezas y continuar con el reacondicionamiento de los recipientes restantes del acervo hallado en la antigua capilla