De entre los últimos lanzamientos de Rutini Wines, uno que se destaca es el de Apartado Gran Merlot. No solo porque continúa con fuerte vínculo entre la bodega y esta cepa, sino porque coloca al Merlot en un lugar de destaque al que pocas bodegas argentinas se atreven.
Con motivo del Día Internacional del Merlot, que este año se celebra el 7 de noviembre, hablamos con Juan Pablo Murgia, Director enológico de Rutini, acerca del pasado, presente y futuro de esta variedad con la que se elaboran algunos de los vinos más icónicos del mundo, pero que en la Argentina no suele ocupar el lugar que se merece.
-¿Qué distingue al Merlot del resto de las cepas tintas?
-Creo que el gran atributo del Merlot es su capacidad para producir vinos de enorme elegancia y fineza. Es una variedad que, cuando se cultiva en lugares y suelos adecuados, con buenos rendimientos y un manejo preciso, puede alcanzar una gran concentración, una estructura tánica importante y una notable potencia.
Pero, por encima de esas características, lo que distingue al Merlot es su capacidad de expresar sutileza, equilibrio y elegancia. Si lo comparamos con el Cabernet Sauvignon, que suele ofrecer mayor potencia, estructura y firmeza tánica, el Merlot se destaca por un perfil más refinado, con una textura envolvente y una gran armonía.
¿Cuál ha sido el camino del Merlot argentino en los últimos años?
-En la historia del Merlot en Argentina, al menos en los últimos 20 o 25 años, que son los que conozco, he vivido y en los que he elaborado vinos, creo que podemos distinguir tres etapas. A fines de los años 90, el Merlot era una variedad tan relevante como el Malbec. Tenía un lugar muy importante en la vitivinicultura argentina y se elaboraba en grandes cantidades.
Luego, con el auge de los vinos de alta gama, llegó una etapa marcada por la concentración, la alta graduación alcohólica y el uso intensivo de la madera. El Merlot también fue protagonista de ese estilo, con vinos de gran estructura y crianza en barrica. Si bien hoy quizá no consideremos que esa sea su mejor expresión, fue una interpretación propia de aquel momento.
Más tarde, el Merlot perdió protagonismo, tanto en Argentina como en el resto del mundo. Sin embargo, hoy estamos atravesando una nueva etapa de recuperación de la variedad, que vuelve a ocupar un lugar de interés entre los grandes vinos del mundo.
Creo que la clave está en interpretar el Merlot desde una mirada contemporánea, con mayor sutileza y equilibrio, moderando la madurez, la extracción y la crianza. Cuando se trabaja de esa manera, puede ofrecer vinos excepcionales, capaces de expresar una enorme elegancia, fineza y complejidad. En ese camino, creo que Argentina tiene una gran oportunidad de volver a posicionar al Merlot entre sus grandes vinos de alta gama, como demuestra el trabajo que estamos haciendo en Rutini.
-¿Cuál es la búsqueda de Rutini con el merlot?
–El Merlot es una variedad que atraviesa toda la historia de Rutini y que tiene una importancia enorme para nosotros, probablemente mayor que en otras bodegas argentinas. Para dar una idea de ese vínculo, Rutini Colección, una de nuestras etiquetas más emblemáticas, comenzó su historia con un Merlot antes que con un Malbec entre sus vinos tintos.
Desde entonces, el Merlot ha estado presente a lo largo de toda nuestra trayectoria, tanto como varietal como componente de corte en distintas líneas. Un ejemplo emblemático es Felipe Rutini, nuestro vino ícono, que por su trayectoria y reconocimiento considero que hoy trasciende a la propia bodega y forma parte del patrimonio de los grandes vinos argentinos. En su composición, el Merlot tiene un papel dominante.
También está presente en Apartado, nuestra línea de alta gama de vinos varietales, donde elaboramos un Merlot proveniente de nuestro viñedo El Cepillo, en el extremo sur del Valle de Uco.
Este origen es fundamental para entender su expresión. El Cepillo es una de las zonas más frías del Valle de Uco, y la combinación de su clima y sus suelos arenosos y calcáreos permite obtener un Merlot de una fineza, elegancia y sutileza excepcionales.
Por eso decidimos embotellarlo como Apartado Merlot: porque encontramos allí una expresión singular de la variedad, en la que los detalles, la delicadeza y la precisión están por encima de la potencia. Es un vino que refleja nuestra manera de entender el Merlot y que, al mismo tiempo, reafirma una convicción histórica de Rutini: que esta variedad tiene un enorme potencial para dar algunos de los grandes vinos de Argentina.