El Palacio Peña, un ícono de la arquitectura de la Belle Époque porteña, reabre sus puertas bajo el nombre de Casa República con una apuesta firme por la gastronomía argentina contemporánea. El edificio, situado en el número 460 de la calle Florida, funciona desde esta semana como restaurante y centro de experiencias culturales.
La propuesta culinaria busca, a través de sus sabores, narrar la historia de los ingredientes y los productores de distintas regiones del país. Los chefs Sebastian Raggiante y Nicolás Raimundo lideran la cocina, mientras que Martiniano Molina se encarga de la curaduría conceptual del menú.
La carta destaca platos tradicionales como la empanada tucumana, el pastel de papa y el revuelto gramajo. Los comensales también encuentran milanesa de bife de chorizo y cortes de parrilla con carnes de las cabañas Angus y Hereford más representativas de la Argentina. En el apartado de postres, la oferta incluye el tradicional flan de la República, panqueque de dulce de leche con caña de azúcar quemada y pastafrola. Como un guiño a la historia de la cocina local, la carta rescata el Omelette Sorpresa en una versión que Martiniano Molina preparó en honor al Gato Dumas.
Según explicaron los responsables del proyecto, la intención no es seguir modas externas, sino ofrecer una mirada situada que respete el producto nacional y los oficios de cada región. La selección de insumos resulta clave: la carta recorre desde las anchoas de Mar del Plata y los membrillos cuyanos hasta la mandioca del litoral, sin olvidar el whisky argentino añejado en la Antártida.
Nicolás De La Cruz, a cargo de la curaduría general, comentó: “No se trata únicamente de abrir un restaurante dentro de un edificio histórico, sino de recuperar un patrimonio arquitectónico emblemático y ponerlo nuevamente en circulación a través de una experiencia viva, contemporánea y profundamente argentina. En ese recorrido, la cocina ocupa un lugar central”.
El servicio funciona actualmente de ocho de la mañana a ocho de la noche, aunque los organizadores planifican extender el horario hasta la medianoche para sumar cenas en el corto plazo. El comedor se despliega en lo que alguna vez fueron las áreas sociales de la residencia original de Antonio Peña. El Salón Dorado, el Salón de las Pinturas, el Salón Comedor y el Salón Fume albergan a los clientes, quienes disfrutan de una ambientación ecléctica con elementos de estilo Renacimiento, Luis XIV, Regencia y Luis XV. La propuesta de comida corre en paralelo a una carta propia de bar, que opera de forma simultánea en estos espacios restaurados.
El edificio que aloja este proyecto posee un valor patrimonial innegable, protegido por la ley N°1227. Construido por el arquitecto belga Julio Dormal, el mismo profesional que concluyó el Teatro Colón, el inmueble funcionó durante casi un siglo como sede de la Sociedad Rural Argentina. La restauración duró 16 meses y contó con expertos en oficios olvidados para devolverle su esplendor original a los salones y escaleras. El hall de doble altura conecta la planta baja, o “piano nobile”, donde se encuentra la propuesta gastronómica, con la planta superior, donde funcionaron los aposentos familiares. Allí se conservan el salón de té, el vestidor y el dormitorio de Adela Blaye de Peña, alma mater de la construcción original.
En esas habitaciones superiores, que atraviesan procesos de restauración, se instalarán marcas afines al concepto de Casa República, mientras que el subsuelo, que albergó la sala de carruajes y el auditorio de la Sociedad Rural, servirá como sala de arte y espacio de eventos.
El enfoque gastronómico del proyecto resulta integral. Los responsables afirman que la cocina funciona como parte del relato patrimonial. Cada plato, vino o bebida pasó por una selección rigurosa para representar una identidad federal. Según los hacedores del lugar, la gastronomía busca expresar una Argentina diversa mediante el respeto por el ingrediente y las historias detrás de cada productor.
El equipo liderado por Raggiante y Raimundo aporta una trayectoria notable. Raggiante, oriundo de Bolonia, acumuló experiencia en el Bulli y fundó Raggio Ostería en Buenos Aires, establecimiento destacado por la Guía Michelin. Raimundo, por su parte, integró los equipos del Llao Llao, el restaurante Aramburu y Casa Veltri en Recoleta. Esta combinación de talentos permite trasladar al plato una técnica depurada aplicada a insumos locales.
La armonía arquitectónica, la elegancia de la decoración y el gusto por el detalle que caracterizaron al Palacio Peña desde su inauguración vuelven ahora como escenario para la cocina argentina.